
Leía esto y recordaba las palabras de Chávez los días anteriores a su muerte. Los pedidos que le hacía a su dios. Hugo Chávez no quería morir, quería quedar roto, con dolor, postrado, pero vivo; vivo para seguir haciendo: "queda mucho aún para hacer, señores", dijo.
Giles plantea que fue necesario que Chávez y Kirchner murieran, o que desaparecieran 30.000 personas para que la América del Sur existiera. Chávez discute esto. Para que las políticas puedan llevarse adelante debe haber vida. Chávez vivo lo hizo, no su cadáver. Decir que fueron necesarios los 30.000 muertos es, en cierto modo, ser cómplices de los asesinos, es querer mártires, víctimas, y no hombres de carne y hueso, realizando tareas políticas (acciones concretas). Estamos en momentos de hacer, no de llorar y victimizarnos. Momentos de estar en los barrios, en el Congreso o en la ONU; y no en un local, pintando banderas con las caras de nuestros muertos mientras nos quejamos de que el imperio malo nos domina. Los 30.000 asesinatos fueron crímenes de lesa humanidad, y si esas personas estuvieran entre nosotros el país estaría mucho mejor, seguramente. Y mejor sería, también, que Kirchner y Chávez siguieran vivos, trabajando. Es una cagada que no estén.
Hacerles honor es trabajar, en cada trinchera.
DON CHICHO.
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