lunes, 20 de mayo de 2013

Videla o el cadete disciplnado


Muchas cosas pueden decirse de Videla. Puede decirse que fue un genocida; el jefe de una banda enorme de chorros y secuestradores; el ideólogo de un feroz aparato de represión, tortura y muerte; un ladrón de bebés; un hijo de puta; un terrorista; un golpista antipopular; un asesino serial… También podemos decir que fue un hombre gris; un chupacirios; un cadete obediente, un burócrata sin carisma.
Muchas cosas podemos decir sobre Videla. Ahora, a la hora de hablar de su lugar en la historia argentina, decimos que Videla fue el brazo armado de grupos económicos poderosos nacionales, internacionales y transnacionales que buscaban imponer en el país políticas acordes a sus intereses e ideología. Fue el ejecutor; el patovica que controla la zona mientras cumple las órdenes del patrón.
Matón, él y sus torturadores, que además de trabajar por el dinero disfrutaban de matonear. Todos perversos. La orden era arrasar y Videla liberó la zona.
La dictadura que se oficializó el 24 de marzo de 1976, no fue obra de un loco mesiánico que creía que servía a Dios matando comunistas. La dictadura fue un proceso necesario para lograr instalar en el país y en el continente una lógica económica y política sin tener resistencia significativa. Videla fue el responsable de limpiar la zona. Era el indicado: un ultra católico sin escrúpulos, un fascista en lo político y liberal en lo económico (rareza criolla), un representante de la gente bien educada y limpia. Y sobretodo un milico obediente. Un sicario que no hacía preguntas.
La barbarie con la que se organizó la represión y los asesinatos eran parte del plan. Nada se fue de los cauces previstos. No hubo excesos; todo estaba pensado tal cual como se dio. Desde ya que miles de perversos y psicópatas, civiles o militares, encontraron un campo fértil en los trabajos ofrecidos por los padres de la represión, y dieron rienda suelta a su locura; pero todo eso fue secundario al plan original. Repito: no hubo excesos, todo estaba pensado tal cual como se dio. Sin el genocidio y el terrorismo no hubiera sido posible el vaciamiento de los sindicatos (de los afiliados de izquierda, claro); la inyección bestial de ideología en la sociedad; la eliminación de los líderes de las organizaciones sociales populares, el debilitamiento de los sectores políticos democráticos, el asesinato de la industria nacional; el sometimiento político y económico de la soberanía…y el menemismo.
Videla y sus secuaces garantizaron la fuerza de trabajo sucio. Otros, en los medios por ejemplo, hicieron otro tipo de laburo.
Ese fue Videla, un buen empleado, un cadete disciplinado, un chancho al que le dieron de comer, todo lo que quiso.
DON CHICHO

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