Hoy, en Clarín, las cinco primeras páginas trataban una serie de noticias relacionadas a violencia y educación. La primera página llevaba como título “Polémica freno a cámaras de seguridad en las escuelas”. Palabras más palabras menos contaba que el gobierno de la ciudad iba a licitar la instalación de cámaras en los colegios porteños, y una jueza, Elena Liberatori, que según Clarín “integra el grupo de magistrados enfrentados a la gestión de Mauricio Macri”, había determinado la marcha atrás del proyecto por considerarlo invasivo para las libertades individuales de los menores. A partir de esta noticia, el gran diario argentino, se lanza a hacernos ver y entender que el proyecto macrista es una excelente idea y debe salir como sea. La primera cosita que nos dice es que una jueza, o la justicia, obra por simpatías políticas. Esto señores míos, instala la idea de que la justicia no es independiente. No es una denuncia, pues no hay nada concreto, es lisa y llanamente un intento por desestabilizar las instituciones democráticas.
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| Qué pena, otro negocito que se cae |
Después de decir esto sigue, y en una nota publica declaraciones del ministro Montenegro (justicia y no educación, curioso, se ve que el negocio viene por la ventanilla del jefe de la Metropolitana), que pide que no nos enojemos, que nadie quiere espiar a los chicos, sino sólo “cuidar sus bienes”. Pero en la página siguiente, Clarín publica unas fotos muy borrosas sobre un pie de página que explica que esas cámaras grabaron cómo entró alguien a un colegio en Río de Janeiro y mató a 12 alumnos, y parece que es genial que quedara grabado en una cámara, porque evitarlo, evidentemente no se pudo. Luego, arma una nueva nota, en la que defiende el proyecto Gran Hermano con las declaraciones de constitucionalistas, no pedagogos, no psicólogos, que afirman que no habría nada en el universo que justificara prohibirle al Pro su negocito. Nada se dice del por qué del proyecto. Porque podrían decirnos que el objetivo es implantar disciplina a los pibes por el terror del control permanente (lean Vigilar y Castigar), o prepararlos para ir por la senda del bien, o para controlar las asambleas estudiantiles, o para controlar a los docentes, esos vagos que no hacen nada; pero no, no nos dicen por qué. Ahí es donde Clarín se gana su sueldo y trata de que nos demos cuenta solitos de las bondades del proyecto.
Y aún hay más. En la página siguiente, Clarín ya es el empleado del mes y arma una nota a doble página y la titula “La violencia escolar es alta en el país y reduce el aprendizaje”. El tema central es el Bullying, maltrato psicológico y físico entre alumnos. Los únicos conectores entre esta nota y el proyecto de chantar cámaras en las escuelas son las palabras violencia y educación, porque nada tiene que ver una cosa con la otra. El Bullying es un fenómeno que excede nacionalidad, clase social y época, y es de índole pedagógico. Pero Clarín pone las notas juntas y nada avisa de que se trata de cuestiones diferentes. Intenta generar un clima de inseguridad y terror en el ámbito educativo. Parece ser que la idea es que nos traguemos que es necesario vigilar a los pibes, meternos en sus aulas, en sus vidas, para que no pequen.
¿Serán defensores a ultranza del modelo panóptico o será tan bueno el negocito de las cámaras?
Por otro lado, Clarín ya parece un periódico barrial, en los que arman noticias para publicitar encubiertamente productos.
DON CHICHO





