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| ¿Me trajiste a la nena? |
Lo primero que quiero invitarlos a pensar es, no sé si se dieron cuenta, la importancia que cobró desde hace un tiempo el decir todo, en mostrar todo, en ofrecer todo lo que uno es o piensa. Claro, después está ver si realmente eso que uno muestra dice u ofrece es lo que uno tiene para mostrar decir u ofrecer. Pero eso es otra cosa. La cuestión es que, aparentemente, hoy garpa mucho decir cualquier verdura con el agregado de la aclaración "soy sincera", "soy franca, tal cual soy" "no soy careta". Parece ser que uno es re-groso si muestra sus bajos instintos, que son, por escencia, privados, públicamente. Te mando a la mierda, o digo que buchoneo compañeros, o aseguro que manejo borracho, y lo hago todo diciendo antes, "Y bueno, loco, yo soy este, soy sincero, no escondo nada..." y con eso parece que todo lo que hago es super genial, digno de un prohombre. El mostrar los cuerpos, hasta su menor resquicio, desnudos, literales, me parece que va en el mismo orden. Soy más groso, más libre, más superado, si me expongo, sin filtro alguno, en la vidriera más vista de la Tele local. Para el bizarro jurado, el puntaje (que puntúa baile) sube si se desnudan. ¿Sería como el premio económico que el magnate libidinoso le da a la prostituta si le baila lindo?
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| "UUU, qué lindo, una Barbie grande" |
El sexo es genial, un hermoso cuerpo amante es embriagador; besar, oler, sentir...pero que sea de a dos (o de a tres o cuatro, o cinco para los fiesteros); nunca de a uno con un objeto saca calenturas. Eso es abuso, si hay otra persona, sino es una paja degradada. En los dos casos, un caso clínico y una hijaputez.
Aguante la fantasía...no la ficción
DON CHICHO



